
El girasol gana terreno en el centro-norte santafesino: qué hay detrás de las 170.000 hectáreas proyectadas
REDACCIÓNEl girasol comenzó a escribir el primer capítulo de la campaña gruesa 2026/27 en el centro-norte de Santa Fe. Los primeros lotes comenzaron a implantarse en el departamento General Obligado y la intención de siembra relevada por el Sistema de Estimaciones Agrícolas (SEA) de la Bolsa de Comercio de Santa Fe alcanza las 170.000 hectáreas.
El comienzo encuentra a buena parte de la región con una disponibilidad de agua muy diferente a la de campañas marcadas por la sequía. Las reservas de humedad favorecieron las primeras labores, aunque las mismas condiciones hídricas que representan una ventaja para la implantación también generan dificultades en sectores bajos y anegados.
El girasol viene recuperando protagonismo . Particularmente en el norte provincial, donde confluyen condiciones agroecológicas favorables, conocimiento acumulado sobre el cultivo y una estructura industrial capaz de absorber una parte importante de la producción.
Un crecimiento que no comenzó esta campaña
Un análisis publicado este año por INTA Reconquista ubica el crecimiento del girasol dentro de un proceso más amplio. Entre los factores que explican su expansión aparecen su adaptación agronómica, el desarrollo de nuevos materiales genéticos, las condiciones económicas y productivas y la demanda de la industria aceitera.
El organismo señala además que durante la campaña anterior Santa Fe alcanzó aproximadamente 500.000 hectáreas sembradas con girasol en todo el territorio provincial, confirmando la recuperación que viene experimentando el cultivo.
La adaptación a ambientes con restricciones hídricas históricamente convirtió al girasol en una alternativa importante para el norte santafesino. Pero reducir su crecimiento solamente a esa característica sería simplificar demasiado el fenómeno: genética, manejo, precios y posibilidades comerciales comenzaron a jugar un papel cada vez mayor.
La investigación también acompaña ese proceso. En Reconquista funciona uno de los sitios de evaluación de la Red Nacional de Cultivares de Girasol INTA-ASAGIR. Durante la campaña 2025/26 se evaluaron 26 híbridos, generando información sobre rendimiento y comportamiento agronómico bajo las condiciones ambientales propias del norte de Santa Fe.
Una industria muy cerca de los lotes
Hay otro elemento que ayuda a explicar por qué el girasol tiene un peso particular en esta parte de la provincia: la cercanía con la industria.
Un análisis de la Bolsa de Comercio de Rosario sobre la oferta y demanda regional del cultivo identifica al polo Reconquista-Avellaneda como el principal centro de consumo de girasol de la Región Norte argentina.
Para la campaña 2025/26, la BCR proyectaba para esa región una producción cercana a 1,12 millones de toneladas, de las cuales unas 250.000 toneladas podían destinarse al procesamiento industrial dentro de la propia región. El excedente encuentra luego salida hacia otras industrias y hacia los puertos del Gran Rosario.
Esa estructura agrega una ventaja logística y comercial para una zona históricamente vinculada con el cultivo: una parte del girasol producido en el norte santafesino encuentra capacidad de procesamiento dentro del mismo territorio.
El crecimiento del área, por lo tanto, no puede analizarse únicamente desde lo que ocurre dentro del lote. Detrás aparece una cadena que conecta producción primaria, industria aceitera, transporte y exportación.
El mercado internacional
La coyuntura externa aporta otro elemento favorable. Según un informe de julio de la Bolsa de Comercio de Rosario, las exportaciones argentinas de aceite de girasol alcanzaron 1,2 millones de toneladas durante 2026, avanzando a un ritmo récord.
La BCR señaló además que el valor FOB del aceite argentino promedió alrededor de US$ 1.290 por tonelada, alcanzando los mayores niveles desde 2022.
El movimiento también alcanzó a la semilla sin procesar. Las exportaciones de grano de girasol mostraron durante este año un salto muy importante frente a los promedios históricos, en un mercado internacional atravesado por una menor disponibilidad proveniente de la región del Mar Negro, tradicional protagonista mundial de esta cadena.
Para el productor santafesino, esa demanda no garantiza por sí sola rentabilidad. Costos, rendimiento, logística y precio finalmente obtenido continúan definiendo el resultado de cada planteo. Pero ayuda a explicar por qué el cultivo llega a la campaña 2026/27 con un escenario comercial diferente al de otros ciclos.
De resistir la sequía a ocupar otro lugar en la rotación
Durante años, buena parte del atractivo del girasol en el norte estuvo asociado a su capacidad para desenvolverse en ambientes donde otros cultivos enfrentaban mayores riesgos. Esa característica continúa siendo importante, pero la fotografía actual muestra algo más.
El cultivo llega a esta campaña respaldado por una cosecha nacional 2025/26 excepcional. La Secretaría de Agricultura informó una producción de 7,4 millones de toneladas, con un rendimiento promedio nacional de 23,4 quintales por hectárea, cifras que el organismo calificó como récord para su serie histórica.
En el centro-norte santafesino, esa coyuntura se cruza con una ventaja territorial concreta: experiencia productiva, evaluación local de híbridos y un polo industrial instalado en Reconquista-Avellaneda.
Así, las 170.000 hectáreas proyectadas por el SEA no aparecen como un dato aislado, sino como otro capítulo de una recuperación que lleva varias campañas.
Ahora, de la intención al lote
La campaña recién comienza y existe una diferencia fundamental entre intención de siembra y superficie efectivamente implantada.
Las primeras sembradoras ingresaron en General Obligado con buenas condiciones de humedad, pero la evolución de las próximas semanas dependerá del estado de los lotes, las precipitaciones y la posibilidad de avanzar sobre ambientes donde todavía existen excesos de agua.
La campaña gruesa del centro-norte santafesino recién empieza. Pero el girasol llega a la línea de largada con varios factores jugando a su favor: una campaña precedente muy buena, demanda internacional, industria cercana, desarrollo tecnológico y agua disponible. Ahora falta la parte decisiva: que ese escenario se traduzca en hectáreas implantadas y, varios meses más adelante, en producción.


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