
La siembra de soja alcanza el 88,3 % y del maíz 89,1 %. La cosecha del trigo en su etapa final y comenzó la de girasol

Desde hace algún tiempo, el sector agropecuario argentino viene aportando buena parte de su producción -dependiendo la intensidad de la actividad agropecuaria que se trate-, para resolver problemas y crisis económicas y sociales a las cuales se enfrentan los sucesivos gobiernos y la sociedad argentina.
Claro está, que aquello que se fue estableciendo como una medida o situación circunstancial, siempre fue transformado en permanente, por la negación a reconocer que no se trata de cuestiones coyunturales, sino de la incapacidad para asumir la realidad de la economía nacional y su relación con la economía global. Y así, con velocidad se acude una y otra vez a la misma “caja de herramientas”, e invariablemente, se recurre al sector agropecuario, como si se tratase de una fuente de inagotables recursos.

Se emplean diversas denominaciones, tales como “aportes patrióticos”, o “impuestos solidarios”, de acuerdo al sesgo político del momento, y se apela al espíritu nacional o a la solidaridad para comprometer a los afectados y generar esperanzas de una vida mejor a la sociedad toda. Curioso, porque tal vez nada refleja mejor al campo argentino que la vinculación con las tradiciones que nos forjaron como nación, o esa actitud generosa de desprendida ayuda, resumida en la palabra “gauchada”, al punto que su uso se generalizó en todos los ámbitos de nuestra cultura como sinónimo de solidaridad, por lo cual, ¡qué nos van a hablar a nosotros de solidaridad!
Pero tanto en los aspectos económicos como en los sociales o humanos, quienes nos gobiernan tendrían que incluir en el análisis y la aplicación de sus iniciativas, la imprescindible equidad, que en pocas palabras, implica que cada individuo de la sociedad obtenga retribución de acuerdo al aporte o esfuerzo que realiza.
Lamentablemente, del campo se obtienen recursos que no vuelven nunca a sus actores, ni como retribución económica, o como infraestructura o en servicios; en cambio, son derivados hacia “políticas sociales” que no logran ningún efecto transformador real o bien, como lo indica la experiencia, se pierden en la maraña burocrática de un estado que no encuentra nunca el camino del verdadero desarrollo económico y social, o en la triste y comprobada realidad de la corrupción generalizada que nos agobia.
Lo cierto es que en el campo, “moneda que se va, es moneda que no vuelve”. Y así, de manera lenta pero constante, con las monedas de los “derechos de exportación” o de los “precios máximos”, de los tipos de cambio desdoblados o los impuestos que se superponen sobre una misma actividad, por sólo nombrar algunas “iniciativas solidarias”, se concentra la “inversión social” en los conglomerados urbanos, con mínima o nula acción y aplicación en el ámbito rural o en sus poblaciones.
Ese abandono de la comunidad rural es inequidad. Porque, sólo por ejemplificar, con los derechos de exportación (o lisa y llanamente, retenciones) aplicadas en el año 2020 sobre el producto agrícola del Departamento San Justo de la provincia de Santa Fe (ver Cuadro 1), se podrían haber construido 60 km de ruta asfaltada o 1.791 km de caminos mejorados con ripio (ver Cuadro 2).
También se podría hacer el ejercicio calculando líneas de electrificación rural, escuelas, centros sanitarios para la atención primaria de la salud, ambulancias o dedicar recursos a la prevención y asistencia ante los crecientes y graves problemas de seguridad que aquejan a los pobladores y productores rurales, ya sea por el extendido abigeato o los violentos episodios de robos que se repiten en el interior. Otra inversión significativa, podría ser la de ayudar a capacitar a los actuales y futuros operarios de la increíble evolución tecnológica que se vive en la producción agropecuaria, facilitando su inserción laboral en un ámbito que se transforma a pasos agigantados.
Atender estos y otros problemas, además de un acto de verdadera justicia, podría frenar y revertir el éxodo rural, pero especialmente, promover el crecimiento continuo de la producción agropecuaria, pilar indiscutido de la economía nacional y palanca para el desarrollo de una agroindustria que puede desarrollarse sobre la base de la innovación.
Pero para que eso sea posible, es indispensable que se considere al campo, su industria y su gente, tanto para el aporte como para la distribución, que su potencial sea acompañado por los gobernantes y genere condiciones de confianza y de infraestructura que promueva la inversión productiva y la actitud siempre generosa de los habitantes del interior, siempre proclives a la gauchada.
FUENTE: RAFAELA NOTICIAS

La siembra de soja alcanza el 88,3 % y del maíz 89,1 %. La cosecha del trigo en su etapa final y comenzó la de girasol

La detección se realizó a principios de enero por observación directa, registrándose densidades de 0,6 individuos por planta, en cultivos que se encontraban en estadios vegetativos tempranos. Técnicos del INTA Rafaela, recomiendan realizar monitoreos para actuar de manera temprana y reducir riesgos de transmisión de patógenos.

Investigaciones realizadas en INTA Rafaela evidencian que el monitoreo continuo de indicadores fisiológicos y conductuales –como la rumia, el consumo de alimento, la actividad y la posición corporal– mediante sensores de precisión permiten detectar de manera temprana el estrés térmico en vacas lecheras. Esta información posibilita la implementación de estrategias preventivas y contribuye a reducir la carga calórica en los animales, además ayuda a sostener los niveles de producción lechera.

Se concretó la 3ª edición del Concurso Nacional de Quesos, Manteca y Dulce de Leche de la Región Centro y la 14° edición del Concurso de Quesos de Totoras

Con la participación de instituciones públicas, productores, empresas, investigadores y referentes del sector, se desarrolló en la Estación Experimental Agropecuaria INTA Oliveros el 1° Simposio Forestal de Santa Fe, un encuentro que abrió el debate sobre el presente y las oportunidades del sector forestal en la provincia.

Con crecimiento de hasta el 11 % en el último año, el sector lácteo provincial consolida su recuperación tras la crisis de 2023. El Gobierno de Santa Fe impulsa beneficios fiscales, financiamiento por más de 15.000 millones de pesos, obras de caminos y electrificación, y avanza en la apertura de nuevos mercados internacionales.

La intención de siembra se estimó en 1.100.000 ha, un 3 a un 3,2 % superior a la campaña anterior.

Para bovinos, bubalinos y cérvidos la medida comenzará a regir para la identificación de nuevos ejemplares.

Investigaciones realizadas en INTA Rafaela evidencian que el monitoreo continuo de indicadores fisiológicos y conductuales –como la rumia, el consumo de alimento, la actividad y la posición corporal– mediante sensores de precisión permiten detectar de manera temprana el estrés térmico en vacas lecheras. Esta información posibilita la implementación de estrategias preventivas y contribuye a reducir la carga calórica en los animales, además ayuda a sostener los niveles de producción lechera.

La detección se realizó a principios de enero por observación directa, registrándose densidades de 0,6 individuos por planta, en cultivos que se encontraban en estadios vegetativos tempranos. Técnicos del INTA Rafaela, recomiendan realizar monitoreos para actuar de manera temprana y reducir riesgos de transmisión de patógenos.

La siembra de soja alcanza el 88,3 % y del maíz 89,1 %. La cosecha del trigo en su etapa final y comenzó la de girasol