Mucho más que un hermoso lugar

En Atlaliva, la Granja La Serena es un lugar abierto para quien quiera vivir una experiencia enriquecedora de los sentidos. Hugo y Marcela, en diálogo con Diario CASTELLANOS cuentan cómo empezó todo, por qué está abierta a quien quiera visitarlos y los proyectos. Pavos reales, un bosque encantado, huerta, escuelita de polo, un museo de juguetes y hasta la posibilidad de dar una vuelta en el legendario Whispper 29 del taller de Abate Daga de Rafaela,,

HISTORIAS 12/07/2022 REDACCIÓN REDACCIÓN
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Diario CASTELLANOS visitó “La Serena” en Ataliva. Una granja agroecológica pensada por Hugo Senn y Marcela Urso. Ellos vivían en Rafaela hasta poco tiempo atrás. A raíz de una patología psiquiátrica (esquizofrenia) que le diagnostican a su hijo Agustín deciden irse a buscar un lugar tranquilo, lejos del ahogo que significaba la ciudad. Adquieren un terreno de 6 hectáreas a pocos metros del acceso al pueblo de Ataliva. Y, quizá sin premeditarlo, se encuentran con su lugar en el mundo. Comienzan a construir y concretar su sueño. Empezaron ellos mismos con un quincho. Tenían un caballo que los llevaba “adonde nos llevara el viento”. Esto les hizo tomar la decisión de vender todo en Rafaela e instalarse en la Granja

“Comenzamos con algunas gallinas, una huerta, criábamos nuestros pollos, una vaca. Todo como para ir autabasteciéndonos, como se hacía antes en el campo. Tal como me enseñó mi mamá” rememora Marcela. Y la granja fue creciendo. Le ofrecieron un ganso, y después se fueron incorporando los demás animales que son toda una atracción (sobre todo para los más chicos): faisanes, pavos reales, pony, llamas, conejos, el burro, .. y mucho más

Durante la pandemia, abrieron sus puertas los fines de semana a los vecinos de la localidad: “estábamos en un lugar bello, pero éramos nosotros tres nomás” recuerda Marcela. Era un espacio abierto donde se podía pasar la tarde, tomar unos mates en familia y disfrutar del espacio. Pero la bola fue creciendo. “La magia de las redes sociales” Le sumaron actividades para los chicos. Hoy la visitan desde varios puntos de la región, de otras provincias. Incluso desde Buenos Aires. Sigue siendo un espacio abierto, sin costo para quien quiera visitarlo. “Hoy estamos felices y conmovidos por la cantidad de familias que vienen a vernos” dice Marcela. Es que tienen mucho para ofrecer. Y lo ofrecen con generosidad. Y tienen un programa para que las escuelas los visite durante la semana. Se les brinda un recorrido guiado por la granja, se muestra cómo se hace un pan casero en el horno, se prepara un almuerzo. “Es a partir de septiembre y ya contamos con una buena cantidad de reservas. Es una jornada educativa y de entretenimiento muy especial” cuenta Hugo. Para coordinar una visita, se puede comunicar al wp 3492 59-0893 o en las redes sociales

Los fines de semana de invierno abren sus puertas desde las 14:30 “hasta la tardecita” cuando el frío empieza a avisar. Alrededor de las 16 hs hacen una actividad para los más chicos (y no tan chicos) que consiste en darles de comer a los animales y salen los “ídolos” de la granja que “nos los han traído la gente: Pepino el pato, Juanita la nutria, Copito la coneja.. sentamos a todos en una ronda. El niño necesita contacto. Los acaricia, les hacen upa, se sacan fotos. Saco la guitarra y cantamos… todos los fines de semana tratamos de tener algo distinto”.

Y todo va creciendo. Este último fin de semana se realizó por primera vez una escuela de polo: “la gente encargada es de Sunchales, de Los Chañares. Hicieron una demostración. Construyeron una minicanchita” cuenta Marcela: “nos encantó la idea. Los chicos tienen contacto con los caballos y con este deporte que en la zona no conocemos tanto. Estamos iniciando”. Y Hugo agrega: “es un deporte visto un tanto elitista… pero acá en la zona no es así, cualquiera puede practicarlo. La equitación es muy buena para los chicos en muchos sentidos”

Y está el “bosquecito encantado” que los niños recorren “les cuento que allí viven duendecitos que cuidan las naturaleza. Lo cierto es que cuando salen del bosque, todos los vieron. La magia de los niños” cuenta Marcela con u guiño de complicidad.

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UN AUTO CON HISTORIA RAFAELINA

Hugo es especialista en restauración de autos y motos. En la Granja se encuentra el Whippet 1929 que es parte de la historia de Rafaela. Salen a dar una vuelta con los chicos (cuando no son muchos). La idea es agregarle un carrito y hacerlo como una actividad. El autito de Zenon lo llaman los chicos en alusión al Auto Bochinchero de un dibujo animado. Hugo cuenta la historia: “es un hobby que hace varios años vengo desarrollando. Allá en Rafaela y ahora acá”. A los vehículos que tenían, los vendieron para volcarlos en el proyecto de la Granja. Pero hace un tiempo, durante la pandemia, se dio la posibilidad de conseguir otro vehículo. Comenzó la restauración: “lo que me gusta es mantenerlo en su estado lo más original posible” En particular éste tiene un significado especial: “era la chatita de Abate Daga, un mecánico muy conocido en Rafaela. Tenía el taller sobre Gral. Paz, cerca de Av. Mitre. Era el vehículo del taller, con el que hacía auxilios y el de la familia, con el que viajaban a Córdoba por ejemplo. En esa época habían muy pocos utilitarios. Lo que hacían entonces era transformar los autos en chatitas: sacaban el asiento trasero y colocaban una caja. Hasta la década del 90, era un vehículo que estaba dando vueltas en la ciudad. Compré un rompecabezas: cinco cajas con los repuestos. Acá lo armamos”

Otra actividad que están proyectando tiene que ver con muestras temporales de juguetes antiguos: “Tengo una colección de la década del `50 hasta algo de los `70. Para los chicos es excepcional. Estamos buscando la vuelta de cómo exhibirlos. A ellos les gusta tocar. Y hay piezas delicadas, raras. Estamos viendo…”

En épocas de pantallas y virtualidad, los chicos pueden ver, tocar y palpar en la realidad: en vivo y en directo.”Es una experiencia no muy común para ellos. Le gusta mucho a la familia”


UNA SALIDA LABORAL

Uno de los objetivos con el que se comenzó la Granja, tenía que ver con encontrar una salida laboral para quienes puedan tener patologías semejantes a la de Agustín: “queremos que los chicos tengan una salida laboral y un lugar de esparcimiento. No hay ofrecimientos en la zona. Lo vivimos en carne propia. Una vez que salen de las escuelas de formación laboral o especiales, llegan a una edad después de la adolescencia en la que quedan desprotegidos. La idea es poder hacer huerta, trabajar con los animales, poder ser guía a la gente.. que puedan trabajar de eso y ganarse su pequeño sustento. Eso los valoriza mucho: es un incentivo para que sigan haciendo algo… Que no se queden sentados bajo un árbol todo el día porque no tienen nada para hacer… Es la idea, no es fácil ejecutar. Pero es la idea primordial”

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