Gases de Efecto Invernadero: ¿la ganadería argentina culpable?

EDITORIAL 18 de agosto de 2020 Por REDACCIÓN
Columna del Ing. Agrónomo Fernando Vilella, Profesor Titular Cátedra de Agronegocios y Director ​del Programa​ de Bioeconomía de la FAUBA y Presidente del CPIA, en "Mitre y El Campo"
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Sin Gases de Efecto Invernadero (GEI) no existiría la vida tal como la conocemos. Estos gases que hoy forman parte de la atmosfera tienen un efecto invernadero natural, logrando una temperatura de equilibrio de la Tierra de + 14 °C, sin esos gases la temperatura sería de unos 18 grados bajo cero. Estos 32 °C de diferencia son cruciales para la vida en el planeta. La contribución de los principales son vapor de agua 36-72%, dióxido de carbono del 9 al 26%, metano del 4 al 9% y ozono del 3 al 7%.

La atmosfera cumple otras funciones como filtrar en la capa de ozono las letales radiaciones solares ultravioletas y desgasta llevando a polvo los meteoritos que ingresan todo el tiempo y se degradan en ella.

El efecto invernadero

El efecto invernadero es aquel que impide que los infrarrojos, temperatura, se pierda al espacio. Las corrientes de aire homogeneizan la temperatura entre regiones del planeta. Para esta era histórica que vivimos se había logrado un equilibrio entre el ingreso de energía y su perdida, el problema es cuando se retiene más energía aumentando entonces la temperatura media.

La atmosfera hoy está constituida en un 78% de nitrógeno, 20,9 % de oxígeno, 0,9% de argón y solo 0,04 % de dióxido de carbono (CO2). Pero originariamente la atmosfera no contenía oxígeno durante millones de años: lo que modificó la composición fue la vida.  Inicialmente los primeros microorganismos marinos, por fotosíntesis liberaron oxigeno enriqueciendo la atmosfera, especialmente a partir de los eucariotas, este aumento del oxígeno generó las condiciones para el salto de la vida del agua a la tierra.

 Hoy el equilibrio para la vida se da en valores de concentraciones de CO2 que en los años 60 eran de 330 partes por millón y creció por los desbalances a 410 partes por millón. Mediciones de las últimas dos décadas indican que la Tierra está absorbiendo entre 0,5 y 1 W/m2 (solo entre el 0,25% o 0,12 %más que lo que emite al espacio). Es notable que de esas sutilezas dependen todas las formas de vida actuales.

El valor del CO2 en la atmosfera depende del balance entre su emisión o liberación y su captura o acumulación. Emisión es cuando se combustiona petróleo, gas o carbón que es fotosíntesis acumulada hace millones de años, o cuando se deforesta liberando a la atmosfera cantidades importantes de carbono acumulado en tallos y brozas de la fotosíntesis más reciente; la otra parte del balance es la captura formando nuevos tejidos como tallos, raíces, hojas y otros órganos, muy importante por ejemplo en forestales.

A pesar de que el nivel de CO2 y sus consecuencias dependen de ese balance, casi siempre que se habla del Cambio Global solo se miden emisiones, no balance. Eso es un acercamiento fácil ya que una caldera, un automóvil, un electrónico o una heladera solo emiten, no hay captura.

 


Los países desarrollados representan el 83,8% de las emisiones industriales de CO2  y el 67,8% de las emisiones totales de CO2 mientras que  los países en desarrollo el 16,2% y el 32,2% de las emisiones totales


 

Pero cuando hablamos de productos biológicos ese acercamiento tiene una complejidad mayor ya que hay captura en tejidos que no siempre se degradan y pasan de nuevo a la atmosfera, se acumulan. Por ejemplo, si usamos madera o paja de trigo para construir en lugar de cemento, hierro o ladrillos, allí hay carbono que estuvo en la atmosfera y ya no regresa a ella. Ocurre lo mismo con lo acumulado en raíces y rastrojos que pasan como materia orgánica al suelo, de allí una las grandes ventajas de la siembra directa.

Los países desarrollados representan el 83,8% de las emisiones industriales de CO2 y el 67,8% de las emisiones totales de CO2.  Los países en desarrollo representaron solo el 16,2% de las emisiones industriales de CO2 y el 32,2% de las emisiones totales de CO2. Estas estimaciones incluyen las emisiones por deforestación.  Hay cálculos donde las emisiones per cápita acumuladas, de los países industrializados y los países en desarrollo se estimó en más de 10 a 1.

Sin embargo, apareció hace unos años un libro de FAO “La larga sombra de la ganadería” muy citado y equivocado metodológicamente, tanto que sus autores debieron recalcular sus datos con resultados muy diferentes a los originales, aún centrados solos en emisiones. Estas modificaciones no son tan citadas.


La ganadería extensiva argentina captura más que emite, incluso compensaría el total de emisiones de toda Argentina


Desde los 60 la población mundial pasó de 3000 a 7500 millones de personas, es decir se multiplicó por 2,5, la producción de cerdos  aumentó un 400 por ciento, la de pollo por 1500 y de vacunos por 235 %.  La producción argentina en ese periodo aumento sólo un 20%.

Según Viglizzo, “aunque la ganadería es un importante emisor de carbono, el secuestro (de CO2) de pasturas, bosques, arbustales y pastizales que integran los planteos ganaderos nacionales es mucho mayor. La clave no está en la biomasa aérea, sino en las raíces”.

Como los vacunos no viven en el aire sino en sistemas naturales, según datos de él y coautores la ganadería extensiva argentina captura más que emite, incluso compensaría el total de emisiones de toda Argentina

Estos rasgos de la ganadería argentina son importantes y deberían formar parte de una estrategia nacional en la construcción de una marca argentina de carnes sustentables, eso requiere políticas y estrategias público- privadas que certifiquen y tracen estas carnes permitiendo acceder a los mercados más interesantes. Hoy grandes contaminadores pero preocupados por el ambiente. También dejar de hacer las cosas que se hacen mal. Aquí también la Vaca Viva, es decir el agregado de valor como conocimiento a la biomasa, es parte de la solución, hacerlo solo depende de nuestra inteligencia vincular.

 

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