Día del Inmigrante

RELATOS 04 de septiembre de 2020 Por REDACCIÓN
Nuestra Pampa Gringa. Nuestros abuelos que forjaron estas tierras con trabajo y esfuerzo compartido. A ellos, a sus sueños, a su memoria y a su recuerdo... Una carta encontrada cuenta una historia...
INMIGRANTES

Nuestra Pampa Gringa. Nuestros abuelos que forjaron estas tierras con trabajo y esfuerzo compartido. A ellos, a sus sueños, a su memoria y a su recuerdo...
Nuestro más ferviente homenaje

EL 4 de septiembre en la Argentina fecha fue elegida PARA CONMEMORAR el Día del INMIGRANTE. Ese día de 1812 el Primer Triunvirato firma la disposición a través de la cual afirma la intención de fomentar la inmigración y ofrecer protección a los individuos de todas las naciones y a sus familias que quisieran fijar su domicilio en el territorio nacional.

Lo que hoy es la República Argentina fue uno de los países que más inmigrantes recibió entre 1880 y 1930. Si bien la cantidad de inmigrantes (provenientes en su mayoría de Europa) fue menor a los que desembarcaron en Estados Unidos, Argentina tuvo la mayor proporción de extranjeros en relación con el total de su población. De acuerdo a los datos del censo de 1914, una tercera parte de los habitantes del país estaba compuesta por inmigrantes.
Incluso en los últimos años, Argentina es el país de América del Sur que mayor cantidad de migrantes recibió. Para el 2017, la población extranjera representaba el 4,7%, porcentaje que equivale a casi dos millones de personas.

Por Eduardo Cittadini / Especial para Jornada

Mi abuelo Oreste era inmigrante, como mis otros tres abuelos, como muchos de nuestros abuelos, bisabuelos o padres que llegaron de Europa hace 70, 100 o 150 años, como lo hacen desde hace décadas nuestros compatriotas de la Patria Grande, como lo hace gente de todo el mundo por las más diversas razones, pero con algo en común: la búsqueda de un futuro mejor, más digno, más humano.

Una carta, miles de historias

Transcribimos esta carta que aparece en el Diario Jornada de Chubut un 4 de septiembre de 2016. Está firmada por Eduardo Cittadini, que comienzo contando cómo encontró la carta del abuelo, que no conoció: "murió en 1966 y yo nací casi 5 años más tarde. Pero tengo algunas fotos, unas cuantas historias familiares… y una carta. Terminando el siglo XX, en un recoveco de la que había sido su casa familiar, apareció una carta escrita por el abuelo Oreste el 29 de agosto de 1960.  No estaba dirigida a nadie en particular, ni se la dio a nadie; la dejó escondida a modo de “mensaje en una botella”, aunque sin botella ni mar, para sus nietos proyectados en el futuro. Aquí su carta. "Tuve con corregir una enorme cantidad de errores gramaticales y ortográficos para hacerla más legible, ya que su castellano nunca se terminó de arraigar del todo"… 

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Buenos Aires, 1960

Nacido en Italia en el pueblo de Potenza Picena, a la edad de 18 años pensé en emigrar a la Argentina debido a la situación económica desfavorable de nuestra familia. Solicité pasaporte por tal efecto y me contestaron que estaba sujeto al servicio militar. Trascurridos 10 meses me llama el señor secretario Pascuali, que Dios lo tenga en el cielo, y me interroga si yo aún deseaba trasladarme a América. Mi corazón se alegró, contesté que sí y con curiosidad le pregunté a qué viene que hace 10 meces no se podía; me contestó que esto es debido a que la Reina Elena hace 8 años está casada, pero recién dio a luz una princesita y ha dado una amnistía para que pudieran salir al exterior todas las personas, menos las que estén sorteadas del servicio militar. En el acto fui a la comisaría, o sea a Caserma, para solicitar el certificado de buena conducta; transcurridos poco días me trasladé a la provincia de Macerata con mi correspondiente documento. El señor prefecto me interrogó por qué quería ir a América. Yo contesté que era para ayudar a papá por ser una familia de 10 persona, yo era el mayor y la situación económica se está poniendo cada año más grave. Me contestó que tenía que jurar. Yo juré con la boca pero no con el corazón; el juramento fue que después de 3 años tenía que volver para hacer el servicio militar, para mí el juramento era una simple pantomima.

Llegada

El día 11 de septiembre puse pie en la Argentina, habiendo salido el 6 de agosto año 1901 de casa sin verter una sola lágrima, a pensar de que en el trayecto de Italia se veía la campiña hermosa, los árboles cargados de fruta, los viñedos cargados de uva madura.

En Buenos Aires estaba viviendo en una fonda con muchos paisanos conocidos, por no haber ningún trabajo en Buenos Aires. A los poco días me enteré que en La Pampa había construcción de ferrocarriles y allá me trasladé. Durante el largo viaje, no se veía en el campo más que osamentas de animales muertos, así mismo no me desanimé. Llegué al punto final y empecé a trabajar de peón de albañil, trabajo que nunca había efectuado por no haber aprendido el oficio, por haber ayudado siempre desde chico a papá que se dedicaba al transporte. 

El trabajo era de sol a sol, se pagaba 2 $ por día, el agua era salada y amarga, el desayuno era el mate cocido dos ves al día, igual que el puchero dos ves al día, sin verdura y sin papa, la galleta la recibía cada mes, a veces había que romperla en el riel con algún ladrillo.

Así pasé los primero 6 meses en la Argentina, pero yo siempre optimista.

A los 5 meses escribí una carta a mi hermano. Olvidé decir que mi hermano Marino, que es el que me seguía a mí, salió de Italia 8 meses antes que yo, fue cuando se me negó el pasaporte por haber cumplido yo 18 años. Entonces salió mi hermano Marino que tenía 17 años. Recibí noticia que había empezado un Ramal desde la Zanja hasta Carué y tuve suerte, me emplearon los Ingenieros de la construcción. Allí era una vida nueva, todos los ingleses me querían, nos alimentábamos mejor que el Hotel, el trabajo me parecía nulo, el sueldo un poco más, nunca en la Argentina la pase tan bien. 

Regreso

Se terminaron las construcciones después de 3 años, todos regresamos a Lincoln. A mí no me dejaron sin trabajo, me ocupó el señor ingeniero de la 2ª Sección de cía. y obra sección Lincoln. De igual modo allí el señor ingeniero me quería, mi trabajo era llevar y traer correspondencia y cortar el tabaco al señor Ingeniero, porque yo nunca he fumado.

Al poco tiempo de estar en Lincoln tomé relación con los muchachos del taller y allí me enteré que entrando de aspirante se podía llegar a Maquinista.

El día 15 de abril de 1905 entré de aspirante en Bragado en el taller de locomotora. Allí otra vez a la vida primitiva y mucho peor. Empecé el trabajo, de día se entraba a las 6 y se dejaba a las 18, con una hora de intervalo. Era un trabajo muy sucio, lo mismo que un deshollinador. 

Un día mi finado padre vino de lejos para llevarme en otro trabajo, pero yo insistí diciéndole que debo hacer 3 o 4 años de sacrificio, pero con el tiempo ya no seré un simple peón. 

A los 3 años empecé a trabajar de foguista interino, a los 4 años me nombraron foguista. Entonces pensé en hacer venir al resto de la familia, o sea mamá, 3 hijas solteras y un hermanito. Mi cuñado regresó a Italia para traer su esposa y sus hijita. 

Terreno

Compramos un terreno en Bragado y nos reunimos los 4 que estábamos dispersos y empezamos a hacer la casa. Con poca plata y crédito hicimos la casa propia, 3 piezas, cocina, servicio y un galpón muy grande.

A principios de 1908 llegó la familia de Italia. Se encontró que no había lujo, pero de lo necesario nada faltaba. Papá se ocupaba en hacer la quinta y cuidar los animales, que se componían de 2 cerdos, los dos pesaban 380 kg limpios, y de 40 gallinas y pollitos. La quinta era una hermosura, el galpón lleno de papa, maíz y factura de cerdo.

Vivíamos en juventud. Mi alegre mamá un día me interrogó… sabe Oreste que aquí en la América se está bien, verdad! Si mamá, pero este beneficio costó bastante sacrificio, mamá!

El año 1912 fui trasladado al Dto. de Raobert y dejé la novia en Bragado. Como ya tenía 29 años pensé en casarme y alquilé una casita. El día 6 de enero año 1912 estalló la huelga que duró 52 días. En ese lapso, el gobierno, en combinación con la empresa, derogó todas las leyes de ferrocarriles; cualquier vago podía subir a una locomotora y hacerla andar; por su parte la empresa trajo rompehuelgas de Inglaterra y de Sudamérica y siendo que en la huelga éramos solamente maquinistas y foguistas, todos los demás empleados y trabajadores ayudaron para romper la huelga. Por tal motivo se ha debido hacer un mal arreglo; yo quedé esperando puesto 16 meses. En ese lapso la pobre de mi novia estaba apurada para el matrimonio… casi estaba convencido, cuando una amiga de mi novia me comunicó que durante mi ausencia mi novia había tenido un novio, entonces yo rompí la relación, mi novia al poco tiempo se casó con el mismo.

Familia

Mi casamiento se produjo el día 14 de Enero de 1914 con mi pobre finadita Ersilia Rinaldelli, fallecida el día 2 de junio de 1952.

Hemos criado 6 hijos, tres varones y tres mujeres. Los tres varones estudiaron de Bachilleres en Bragado, habiéndome trasladado desde Mechita a Bragado para comodidad de los chicos, ya que yo estaba jubilado. Al terminar el Bachiller los 3 hijos mayores, he tenido que trasladarme a Buenos Aires, por no tener suficientes recursos para sufragar los gastos.

Los tres chicos obtuvieron los diplomas de profesionales sin mayor dificultad. Están todos casados, varones y mujeres, hasta aquí me dieron 17 nietos y otro en viaje. 

Con respecto a las hijas mujeres no he podido hacerlas estudiar por el motivo que mi finada señora estaba muy cansada del trabajo y necesitaba ayuda.

Creo haber cumplido como buen hijo y como buen padre. Todos mis pensamiento han estado, primero en auxiliar a mi familia paterna, luego mi familia propia.  Con solamente una generación han subido en la categoría de profesionales.

Todos mis hijos e hijas siguen el ejemplo que yo les di; que este ejemplo pudiera servir para los nietos cuando termine el hilo de mi carretel.

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