“¿CÓMO TIENE QUE SER UNA POLÍTICA PROGRESISTA PARA EL CAMPO?”

NOTICIAS 27 de agosto de 2020 Por REDACCIÓN
DIÁLOGO CON EL HISTORIADOR ROY HORA*
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ROY HORA El historiador en las plataformas de la Usina Social el próximo martes 01 de septiembre  a partir de las 18:30 hs.

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ROY HORA

En contacto con Pampa Gringa

Sobre este interrogante versará la conferencia on line que mantendrá el historiador Roy Hora en las plataformas de la Usina Social el próximo martes 01 de septiembre  a partir de las 18:30 hs. El evento, libre y gratuito, será presentado por Miguel Lifschitz, presidente de la Cámara de Diputados y exgobernador de Santa Fe. PUNTOS DE ENCUENTRO ONLINE: bit.ly/YouTubeUsina


EgQlcDBWoAAfKA0¿CÓMO TIENE QUE SER UNA POLÍTICA PROGRESISTA PARA EL CAMPO? MARTES 1/9 - 18.30 hs.

Charla gratuita con Roy Hora, historiador, profesor e investigador del CONICET.



 

La historia de nuestro país está íntimamente relacionada a esta Pampa Gringa. A este «vértigo horizontal» de las grandes planicies”, escribía Roy Hora. Ahora bien, desde un punto de vista histórico: ¿es posible pensar una política progresista para el campo? Y si es así, ¿qué factores hay que considerar? Seguir pensando en las retenciones para pasar a un sistema tributario basado “en el valor de mercado de la tierra” sería “sinónimo de tributación progresista. Aun cuando es sabido que no hay impuestos perfectos, este tipo de contribuciones tienen la ventaja de que pesan más sobre el patrimonio y la renta que sobre los frutos del esfuerzo productivo”. Esto escribió Roy Hora en ¿Qué es y qué quiere el campo argentino? publicado en la revista Nueva Sociedad No 287, mayo-junio de 2020. Sobre esto se trata una charla que mantuvo Pampa Gringa con el historiador. Allí se colaron varios otros conceptos, claro está: el 2008, los prejuicios -“la oligarquía”-, cómo se constituye hoy ese campo en parte fundamental de un crecimiento con equidad. “no será la única locomotora, pero sí una muy importante”


Seguir pensando en las retenciones para pasar a un sistema tributario basado “en el valor de mercado de la tierra” sería “sinónimo de tributación progresista


 

 

CRECIMIENTO Y EQUIDAD

Pampa Gringa dialogó con Roy Hora y comenzó tratando de encontrarle respuesta desde un principio al interrogante que nos convocaba: ¿cómo tiene que ser una política progresista para el campo? Pregunta abierta si las hay. Para responder a esto, se hace preciso pasear por la historia del desarrollo agropecuario argentino. De allí buscar “¿cuáles son las respuestas que puede darle ese desarrollo a los dos grandes problemas por los que atraviesa el país?,” se pregunta retóricamente Hora. Estos son poner en primer plano dos dimensiones, “Crecimiento y equidad. Argentina hace mucho que no crece y además viene deteriorándose en términos de su capacidad para ofrecerle a todos los argentinos un horizonte de progreso social”. En definitiva, ¿qué aporte puede dar el campo (el pampeano, el agroexportador) a esas dos variables? Seguramente con un Estado que cree las condiciones para “ESTIMULAR DE LA MANERA MAS DIRECTA POSIBLE EL CRECIMIENTO DE LAS EXPORTACIONES”. Es decir, “poner en marcha políticas públicas que sean amigables hacia el crecimiento de las ventas externas”. El país desde hace tiempo enfrenta restricciones en su crecimiento como consecuencia de las atonía de sus exportaciones”. La falta de dólares es una traba para el crecimiento, para el desarrollo del mercado interno, para el despliegue de otras actividades que no están vinculadas necesariamente con el sector exportador.

La equidad, el pensar un país más igualitario es el otro eje. Para avanzar por este camino se debe pensar la tributación que afecta al sector agrario bajo esa clave”. Esto significa “reducir aquellos impuestos que son un obstáculo para el crecimiento -como pueden ser las retenciones- y compensar esa reducción con mayores impuestos sobre la tierra. Potenciar la capacidad de crear riqueza del sector y gravar, de manera progresiva, sobre todo su costado más rentístico; la propiedad, el privilegio heredado, el patrimonio de los de quienes tienen un buen pedazo de tierra”.  


“Crecimiento y equidad. Argentina hace mucho que no crece y además viene deteriorándose en términos de su capacidad para ofrecerle a todos los argentinos un horizonte de progreso social”. En definitiva, ¿qué aporte puede dar el campo (el pampeano, el agroexportador) a esas dos variables?


 

LA LOCOMOTORA

En muchos momentos de la historia, el campo fue la “locomotora” para llegar por la vía de crecimiento y desarrollo. A principio del siglo pasado fuimos el granero del mundo: si bien “no todo fue color de rosas” aclara Hora, “el campo fue fundamental para que en esa época, la Argentina fuera uno de los países más dinámicos del mundo”. Luego, a principio del 30 -luego del crash de Wall Street y el cierre del mercado mundial- cobró forma el proceso de sustitución de exportaciones, resultado de un mundo más cerrado, más hostil para exportar productos agrarios. Y esa cerrazón se mantuvo, con sus alzas y sus bajas, más o menos hacia los 90 del siglo pasado.  Otro momento clave fue a comienzos del S XXI, luego de la crisis de 2001. Allí, volvió a ser la locomotora nuevamente. Retomaremos este punto algunos renglones más abajo.

En la década de 1990, y con más fuerza en el nuevo siglo, el mundo volvió a abrirse para las exportaciones argentinas: “más allá de lo que pueden ser los nubarrones de la actual disputa entre China y EEUU, la expansión de los Países Asiáticos empuja con mucha fuerza el mercado, sobre todo el de producción de alimentos. Es una oportunidad interesante, que no debemos dejar pasar. Pero “creo que en esta oportunidad el campo NO SERÍA LA ÚNICA LOCOMOTORA de crecimiento, pero sí una muy importante: el sector agroexportador tiene un rol fundamental, ya que es el más competitivo, posee un empresariado dinámico y tiene mercados en expansión. Tenemos que aprovecharlo mejor y sacarle todo el jugo que podamos”. Pero esa máquina debe estar “articulada con otras: pueden ser los servicios, el vino, los recursos naturales. La Argentina tiene una economía compleja, hay varias actividades que seguro harán su aporte. De todos modos, Argentina debe “aprovechar lo mejor que tiene, su recurso natural por excelencia: esta Pampa, una de las praderas más fértiles del mundo”. 

 

-Usted habla de exportación. Y siempre está la cuestión: se exporta granos o productos con valor agregado…

-No soy especialista en el tema, no podría decir qué botones apretar para que funcione. Pero creo que es muy deseable avanzar hacia un horizonte de desarrollo de exportación con mayor valor agregado. De todos modos, debemos partir de una realidad, que es la restricción de divisas como tema central de nuestras preocupaciones del momento y seguro de los próximos años. Por eso debemos combinar medidas que apunten, en el corto plazo, a incrementar todo lo posible nuestras exportaciones, combinándolas con una estrategia de más largo plazo para volverlas lo más diversificadas posible.   

 


“Creo que en esta oportunidad el campo NO SERÍA LA ÚNICA LOCOMOTORA de crecimiento, pero sí una muy importante: el sector agroexportador tiene un rol fundamental


¿Qué es hoy el campo?

Entonces, ¿cuál es la visión que tenemos del campo, del mundo de la Pampa Gringa? O mejor dicho, ¿cuál es la visión que tiene la urbe, ese 93 % de habitantes que viven en las grandes ciudades? Allí, donde se concentran el gran problema social que tiene el país, viviendo muchas veces en extrema pobreza: “Debemos tener en claro que el campo está constituido por muchas realidades. Pero la imagen del campo que tiene ese sujeto (el habitante de las grandes ciudades) es lo que fue, en su momento, hace cincuenta años, el vacuno y el trigo, y hoy es fundamentalmente el de la soja y la siembra directa. En ese campo, antagonismos tradicionales, que tuvieron su peso en el siglo XX, ya no tienen tanta fuerza. En nuestros días, la figura del gran terrateniente –muy visible en la Provincia de Buenos Aires, menos relevante en la Santa Fe de los chacareros,- ya no tiene tanta centralidad: “nació un nuevo esquema productivo basado en empresas muy dinámicas  que han crecido sobre la base del arrendamiento, con tecnología de punta, y que se organizan en torno a formas muy modernas de la producción. El otro costado, menos agradable, es que hay productores pequeños que deben dejar la actividad porque no tienen la escala o los recursos para sostener la vieja economía chacarera” que primó en gran parte del siglo pasado. “Una discusión que nos debemos es qué hacer con la pequeña propiedad, qué incentivos brindarle para que prospere. Es una discusión que sigue abierta. Pero me gustaría enfatizar que, si se eleva la vista por encima de lo local y se adopta una mirada en su conjunto, si se coloca al campo en el gran panorama de la economía argentina, se ve lo más importante que el sector tiene para ofrecer: su enorme capacidad para producir exportaciones que son necesarias para que toda nuestra economía se sostenga y crezca. También en la ciudad. No puede haber industria y servicios sin un agro dinámico”.


“Nació un nuevo esquema productivo basado en empresas muy dinámicas  que han crecido sobre la base del arrendamiento, con tecnología de punta, y que se organizan en torno a formas muy modernas de la producción"


 

LAS CATEGORÍAS

Teniendo en cuenta estas realidades, aún subsisten en muchos discursos urbanos categorías tales como “oligarquía terrateniente” o similares. Esto se debe a que “en la Argentina hay una cultura política muy anticampo. Es un fenómeno antiguo que se observa ya en el S XIX, y muy fuerte a principios del SXX, donde el campo fue visto fue el reducto de las clases propietarias más poderosas del país. Desde Alcorta, y con más fuerza desde la Gran Depresión, ese grupo de terratenientes tuvo una muy mala imagen pública. En su tiempo, Perón la explotó mucho. Y algo todavía queda de esa retórica política”. Otro factor que alimenta esa imagen tiene que ver con el “poco conocimiento de la realidad rural. Pero creo que en las últimas dos décadas esto está cambiando: se abre camino una imagen más positiva de lo que el campo tiene para ofrecer”. Principalmente luego de la crisis de 2001, donde el mundo de la soja fue el motor que sacó a la Argentina de la crisis, conjuntamente con otros sectores que colaboraron, como la construcción”

 

El 2008

A raíz de esa realidad, en estas décadas hemos visto transformarse la visión urbana del mundo rural. Se lo ve cada vez más como una actividad que requiere destrezas y esfuerzo, que tiene un potencial económico muy importante, que es dinámico, que tiene capacidad de contribuir a forjar una economía más integrada, y que está a la vanguardia tecnológica del capitalismo nacional: “la batalla por el reconocimiento de un sector que tiene mucho para contribuir para que el S XXI sea mejor que las últimas décadas del siglo pasado y estos años que transitamos continúa”

-¿Y esto tiene que ver con el apoyo que recibió en el 2008 por parte de la clase media urbana?

-Creo que en los alineamientos del 2008 confluían dos cuestiones. Una, la que mencionábamos recién. Pero también estaba el sentimiento antigobierno kirchnerista, muy extendido entre las clases medias. Pero aún así el 2008 fue novedoso. Se advierte cuando se lo mira con una perspectiva de más largo plazo. Ha habido varias movilizaciones agrarias a lo largo de nuestra historia. Pero ninguna de ellas contó con tanto apoyo en la ciudad. Y esto muestra que algo cambió: en 2008 mucha gente entendió que el campo había dejado de ser un problema, la causa del atraso argentino, el hogar de la oligarquía, para convertirse en parte de la solución.  

-Y las movilizaciones por Vicentín semanas atrás, ¿se pueden leer como una continuidad del 2008? 

- Creo que en Vicentín estuvo mucho más presente la dimensión política, sobre todo porque giró mucho en torno al tema de la propiedad, que en el 2008 no estaba sobre la mesa. Pero lo cierto es que Vicentín también hay que encuadrarlo en una Argentina que valora más lo que el campo tiene para ofrecer al desarrollo socio productivo

 


En 2008 mucha gente entendió que el campo había dejado de ser un problema, la causa del atraso argentino, el hogar de la oligarquía, para convertirse en parte de la solución


*ROY HORA

Doctor en Historia Moderna por la Universidad de Oxford. Es profesor principal de cátedra en la Universidad de San Andrés, además de profesor titular de la Universidad Nacional de Quilmes e investigador principal del CONICET. Es autor de varios libros, entre los que se cuentan The Landowners of the Argentine Pampas. A Social and Political History, 1860-1945 (Oxford, 2001; en castellano, Buenos Aires, 2002, 2015), Los estancieros contra el Estado. La Liga Agraria y la formación del ruralismo político en la Argentina moderna (Buenos Aires, 2009), Historia económica de la Argentina en el siglo XIX (Buenos Aires,2010), Historia del turf argentino (Buenos Aires, 2014), Una familia de la elite argentina: los Senillosa, 1810-1930 (en colaboración con Leandro Losada, Buenos Aires, 2015) y ¿Cómo pensaron el campo los argentinos? (Buenos Aires, 2017). Sus artículos han aparecido en las principales revistas de historia latinoamericana. Integra el comité editor de Desarrollo Económico y de Ciencia Hoy. Entre otras distinciones, ha recibido el premio Bernardo Houssay.


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