“Este año Santa Fe extrajo más recursos de la actividad privada de los que luego volcó”

NOTICIAS 05 de enero de 2021 Por REDACCIÓN
Lo aseguró Gonzalo Saglione, ex ministro de economía durante la gestión de Lifschitz. Un 2020 signado por la pérdida de poder de compra de los docentes, policías, trabajadores de la salud y una fuerte reducción de la inversión en obra pública. A nivel nacional, “Si se cumple lo que plantea el ministro Guzman, si todo sale bien, en 2023 la economía argentina estará tan mal como en 2019”  
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Gonzalo Saglione, fue ministro de Economía durante la gestión de Miguel Lifschitz. Con una sólida trayectoria y conocimiento del tema, dialogó con Pampa Gringa sobre lo que dejó este 2020 en la economía de la Provincia y lo que vislumbra para el 2021 a nivel provincial y nacional.
Para hacer un análisis de la economía provincial, existen dos planos que deberían estar interrelacionados pero que actúan con lógicas diferentes: por un lado, la economía privada, “de los hogares y  empresas santafesinas” y por el otro “el sector público”.  Para Saglione, este año “ambos planos han evidenciado comportamientos diferentes”. Por un lado, el sector privado no pudo escapar de la debacle ocurrida a nivel macroeconómico a nivel nacional, pandemia y otros factores mediante….”cuando salgan las estadísticas oficiales lo marcarán con precisión,  pero este año la actividad económica estará cayendo entre un 10% y un 12% en relación al 2019”. Santa Fe tendrá en su producción una caída un poco inferior “fundamentalmente por el perfil productivo que tiene: Santa Fe exporta buena parte de lo que produce”. Esto reduce el impacto de la pandemia pero no “puede evitarlo”.
Saglione recordó que la comparación es con un 2019 que fue un año que, según todos reconocen, “no fue bueno y ya venía cayendo de 2018” que también fue un período que, si se compara con el anterior, la actividad y la producción también venía en baja: “acumulamos 3 años de caída consecutivas en el nivel de la actividad de la economía” resumió. 
Esta realidad se hace sentir en la economía de los hogares: “la mayoría de las personas han tenido sus ingresos por debajo de la inflación. Es decir, han perdido capacidad de compra” explicó  

-¿Qué pasa con el otro plano, el de las finanzas públicas?
-Lo decía anteriormente: no puede despegarse de lo que pasa, pero tiene una lógica diferente. Aún no cerró el ejercicio y faltan datos que se publiquen en la web del gobierno. Pero con los datos que se pueden proyectar a partir de la ejecución acumulada a septiembre, se observa que cierra con superávit. Esto es, lo que generó como recursos vía impuestos (API, IIBB, sellos, inmobiliarios, patentes) o coparticipación superaron al nivel de gastos ejecutados. Esto se logró en un contexto que sintió el impacto de la pandemia.
Dos fueron los elementos que hicieron que se logre esta situación: “el primero: los trabajadores estatales (docentes, policías, trabajadores de la salud) están ganando menos que un año atrás (en término de capacidad de compra). El segundo elemento fue la fuerte reducción del nivel de obra pública. Por cada $100 que se invertía en 2019 (NR: durante el gobierno de Miguel Lifschitz), este año se invirtió $25

- ¿Es “normal” esta disociación entre una sociedad que sufre económicamente los embates macroeconómicos de la pandemia y un Estado que atesora en plazo fijo, por ejemplo?
- Son datos objetivos. Aquí entramos en el terreno de las valoraciones, de las opiniones. Se pueden tener miradas diferentes. Desde mi posición, cuando la actividad económica cae fuertemente (como este año pero también en los anteriores) el Estado debe generar políticas proactivas. Tratando actuar como un dinamizador de la actividad económica aunque eso suponga incurrir en cierto déficit. El mismo se justifica si el Estado trató de amortiguar el impacto de la caída. Eso, evidentemente, no pasó en 2020 en Santa Fe sino lo contrario, la potenció: extrajo más recursos de la actividad privada de los que luego volcó. Desde nuestra lectura, el superávit, en ese contexto de recesión, no es la decisión de política pública más deseable.

LO QUE SE VIENE
Lo que pase en el 2021 en materia económica estará estrechamente vinculado a lo que pase en el plano de lo sanitario: “la fuerte caída de la actividad de este año se generó en un contexto de fuerte restricción a la movilidad de las personas generada por la pandemia. Estamos iniciando el proceso de vacunación a nivel país, con expectativas que eso permita menores restricciones, facilitando la realización de actividades económicas. La segunda ola y esas cuestiones podrán condicionar el desenvolvimiento de la economía y de la vida social”. 
En un escenario que permita retomar la actividad, “el PBI crecerá empezando a recuperar una parte de lo perdido” este 2020.  
El presupuesto nacional redactado y presentado por el equipo económico liderado por Martín Guzman “plantea que la economía crecerá un 5,5% el año que viene, un 4,5% en 2022 y un 3,5% en 2023”. En el caso que estas expectativas que plantea el Gobierno Nacional se verifiquen en la realidad “es decir, si se cumple lo que plantea el ministro Guzman, si todo sale bien, en 2023 la economía argentina estará tan mal como en 2019”. Este escenario está planteado desde el mismo Gobierno, no desde la oposición o algún consultor que represente intereses de determinados sectores
Haciendo un repaso de lo que fue el período 2010/2019, “la economía estuvo estancada. Mostraba una evolución tipo serrucho: crecía un año, al siguiente caía. Paralelamente, en los países de la región, la tendencia fue positiva: en Bolivia, Paraguay, Uruguay, en menor medida en Brasil” 

-¿Y cuáles serían los motores de ese hipotético crecimiento?
- Por un lado la actividad del sector agropecuario y su potencial exportador que tiene. Y toda la cadena de valor hacia adelante y hacia atrás. Estamos observando precios internacionales elevados y todo parece indicar que se podrán sostener por un tiempo más. Esto actuará favorablemente dinamizando la actividad económica de nuestro país. Del mismo modo, debemos aspirar a lograr un crecimiento del salario real de los trabajadores argentinos: tanto los “formales” como los que trabajan “en negro”. El trabajador argentino perdió en los últimos años mucha capacidad de compra. Si no logramos sostener un mercado interno que sustente ese principio de recuperación que avizoramos para el 2021.
Para cerrar, Saglione remarcó como eje “poner a la actividad productiva en el centro de la agenda económica. Es fundamental para resolver los problemas estructurales  que tiene la Argentina y que se manifiesta básicamente en un crecimiento de la tasa de pobreza”

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