Moncho Perez: se fue un pampero pampero

RELATOS 17 de noviembre de 2020 Por REDACCIÓN
El día de la Tradición se fue a galopar por otros campos el Moncho Perez de San Guillermo (Santa Fe). Durante veinte años condujo un programa de chamamé todos los sábados, Nostalgias del Terruño.
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Ramón Moncho Perez. De esos personajes como pocos. De los que no se olvidan, Pampero de ley. Jinete, amansador, jornalero, alambrador. Y más.

Oriundo de los pagos de San Crtistóbal, vivió muchos años en San Guillermo. Todos lo conocían, Su paso tranquilo. Su pañuelo rojo, su sombrero ala ancha, su campera.

Durante veinte años fue el conductor del programa de radio Nostalgia del Terruño. Iba todos los sábados a caballo, en moto, en su Jeep rojo inconfundible hasta Villa Trinidad, 22 kilómetros de distancia. Llueva, con heladas, con viento. A las 6 de la mañana estaba ahí. Con sus dos maletas repletas de Cd´s y su cuaderno donde tenía anotados sus versos con los que presentaba los temas. Para el Moncho no todo era lo mismo. Él defendía el chamamé clásico, el rastrero, el que se baila junto a la compañera y no a los “saltos”, sin floreo. el de Tránsito Cocomarola, Mario Bofill, Mario Millan Medina...

Él seleccionaba los temas. Se sentaba en el patio de su casa el jueves, viernes de cada semana y repasaba por horas hasta que hacía la selección.

El Moncho era de esos pamperos que un apretón de manos valía muchísimo más que una firma certificada ante cien escribanos.... 
El Moncho se alimentaba del ida y vuelta con sus oyentes. Su voz inconfundible, mezclando guaraní, era única. Su estilo dejó una huella seguramente. Era un contador de historias nato. Del terruño, del chamamé, de vivencias, de recuerdos. De ese saber de observar el comportamiento de los pájaros, los insectos, el caballo, las plantas.- El Moncho siempre sabía si iba a llover, si iba a estar seco. Mucho viento o heladas. Casi nunca le erró. 
Hablar con el Moncho era no darse cuenta de que se pasaba la hora. En tiempos donde todo parece relativo, todo es por ahora, todo es arreglar sin bases, el Moncho iba a contrapelo.

Se nos fue el Moncho. Lo despedimos con su verso de despedida de todos los sábados: “Ya me voy campo ajuera galopeando un redomón dejo encendido el fogón, abierta está la tranquera, aunque sea una tontera lo que han escrito mis manos un grito en el llano, un eco del sentir, lo que le puedo decir el tiempo es el más baquiano”.

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